El trabajo: desde el Adán y la Eva chilensis al presente

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From: movimiento autónomo de filosofía UC del Norte <mafucmafuc@yahoo.es>
Date: 2008/5/1
Subject: 1 de mayo
To: revistapuntosuspensivo@gmail.com

El trabajo: desde el Adán y la Eva chilensis al presente[1]

Desde un punto de vista biológico, la población humana de Chile es resultante de un lentísimo y largo proceso de desarrollo evolutivo. Remontándonos más allá de la historia del poblamiento geográfico de esta linda tierra nuestra[2], los datos de la antropología, la arqueología, la paleontología, la embriología, en suma, los hallazgos y aportes de las ciencias, confirman la existencia de nexos entre los antepasados de los chilenos y el mundo animal. Paréntesis1: La clásica discusión respecto a una paternidad divina versus una “goriloide”, la dejaremos para otro momento.

Por lo que respecta a nuestro interés temático, lo que importa destacar aquí es que a finales del período cuaternario[3] , es decir luego de la era cenozoica o terciaria, hace más de un millón de años, acontece un hecho trascendental para la historia del universo: aparece el antepasado del chileno en la escena cósmica, y junto a él una criatura única por su inteligencia y hermosura: la pre-mujer chilena. Paréntesis2: En la escena ambos aparecen terminaditos, erguiditos, con cerebros desarrolladitos, con razón y corazón, y con formas rudimentarias de lenguaje. Prehistóricos y algo peluditos aún, sí, pero nosotros tenemos una postal a todo color en que aparecen luciendo dignamente su sonrisa pep. Se les ve ¡bakanes! (en fin).

Pero yendo más allá de lo biológico, los estudiosos y entendidos coinciden en sindicar un factor verdaderamente trascendental para explicar el salto decisivo desde una pre-prehistoria chilena animal a una prehistoria chilena no animal, o sea humana: el trabajo[4]. No estamos diciendo que la prehistoria chilena terminó cuando terminó la cesantía; no, nada que ver. La cesantía no tiene lugar allí. Nos referimos a que el factor que diferencia clara y cualitativamente a los humanos pre-chilensis de sus hermanos menores, los animalitos a secas, sin apellido, fue su inteligencia laboral, incluyendo en ésta las capacidades cognitivas y kinestésicas[5].

El trabajo, pues, se traduce como la capacidad que los antepasados desplegaban para satisfacer unas necesidades fundamentalmente ilimitadas, básicas y primarias[6]. En rigor, la sobrevivencia y la conservación de la vida dependían (y dependen) de ello. Y el tátara-tátara chileno se las traía, toda vez que para lograrlo aprovechó su posición vertical y empezó a mejorar sus técnicas en el manejo de los instrumentos que la naturaleza le proporcionaba (piedras, ramas, palos, huesos, etc.). Y conforme pasó el tiempo y en la medida en que fue conociéndose y conociendo su entorno, llegó a un momento en que logró no sólo adaptar esos instrumentos, sino que se los proporcionó él mismo. Y no sólo eso: ¡los creó él mismo! Y todo gracias a su actividad laboral ¡Que bakán! Paréntesis3: Seguramente ello explica por qué somos tan buenos pa’ la pega y tan requete creativos las y los chilenos…

He ahí el hito fundacional del desarrollo humano y social resultante del trabajo. Es que tanto éste, como la fabricación, el uso y el perfeccionamiento constante de los instrumentos de trabajo, fueron decisivos para el desarrollo y el progreso de la familia hominis-pre-chilensis sobre la faz de la tierra. En virtud de ello, los pre-chilensis-primitivensis pasaron de lo extractivo[7], la caza y la recolección[8] a generar técnicas más evolucionadas para satisfacer sus necesidades.

El hecho es que el trabajo impactó tanto en su entorno como en su propio cerebro, en su biología y en su pensamiento[9]. Sí, porque provocó el refinamiento técnico a todo nivel, incluso a nivel de su lenguaje. El trabajo, favoreció de este modo la comunicación y, por consiguiente, robusteció la integración del conjunto humano en las actividades de producción generando lazos más estrechos de interdependencia que dieron mayor cohesión a la comunidad, lo cual promovió la coordinación de los esfuerzos colectivos en las tareas para satisfacer con mayor eficacia y eficiencia las exigencias del bien común[10]. No hay dudas al respecto, el trabajo tuvo, desde su más temprano desarrollo, un carácter y una importancia vital. Por lo mismo, siempre se lo ha asociado a la sobrevivencia de la especie. De ahí la inseparabilidad entre trabajo y vida y, por ende, entre trabajo y ética.

Pero la historia del desarrollo de los tátara-tátara-chilenos no termina ahí. También se reconoce que el trabajo tuvo, inequívocamente, desde la comunidad primitiva, un carácter social. Aparte de liberar a nuestros tátara-tátara-antepasados de su entera dependencia del poder de la naturaleza, el desarrollo del trabajo marca el comienzo de la formación de la sociedad[11]. En definitiva, la producción de bienes[12] materiales pasó a constituirse en el fundamento de la existencia y la organización social de la humanidad chilensis naciente, y fue el factor que más impulsó su progreso. Por ejemplo, entre la adaptabilidad y la transformación dinámica de la realidad, se superan obstáculos naturales, geográficos, climáticos; se desarrolla la pesca, la ganadería, la agricultura, la agroalfarería; surgen formas rudimentarias de comercio en el canje, de arte, etc. Junto a ello, el crecimiento de la población sumó mano de obra al progreso: en la cosecha, construcción, ingeniería de riego[13], etc. Así, el trabajo dio lugar a verdaderos procesos o sistemas productivos. Aunque hablamos de tiempos primigenios, hablamos de la conformación progresiva de una sociedad en que se van estructurando ciertas fuerzas productivas[14] y formas nacientes de relaciones de producción[15].

En este simple vistazo a nuestros antepasados chilensis hay un aspecto que es menester subrayar. El desarrollo de nuestros tátara-tátara-antepasados es irreductible a factores puramente evolutivo-naturales o biológicos. Éstos son insuficientes para explicar el salto del animal pre-chilensis al hombre pre-chilensis propiamente tal. Paréntesis4: Podrán ser quizá suficientes para explicar por qué somos tan hermosos y simpáticos los chilenos, pero ello es harina de otro costal.

Es necesaria, entonces, una explicación integral y en especial desde el enfoque ineludible de lo histórico y lo económico, ya que la transición definitiva del animal-pre-chilensis al chilensis-humano-humano fue determinada por un factor capital: su actividad laboral. Concluyamos: La producción de bienes materiales fue el factor decisivo de la conservación de la vida y del desarrollo bio-psico-social e histórico del “Adán” y la “Eva” chilensis. Es decir, el trabajo realiza a la mujer y al hombre.

El trabajo, entonces, se relaciona con la vida, con la calidad de vida y con el desarrollo bio-psico-social e histórico de cada uno, de cada persona, de la familia y de la comunidad chilensis.

Por tanto, a propósito del trabajo: hay que movilizar reflexiones, debates, acciones, que tiendan a que todos en Chile cuenten con un trabajo digno ¡y con un salario ético, es decir, justo!, en el marco del respeto pleno, primero, a los/las trabajadores/as, y en seguida a los/las empleadores/as. Y ya es tiempo de empezar a hacer esas reflexiones y a materializar esas acciones. La actividad de reflexionar críticamente es un paso que, obviamente, nos ayuda a salir del conformismo irreflexivo, cómodo, aseguracionista-neoliberal ofertoso del dios Mamón, y nos hace trabajar por nuestra patria y por el desarrollo espiritual y material de todos/as sus habitantes; es decir, porque el bien común -desde el lugar de los postergados y “perdedores”- sea entre nosotros/as una realidad. ¡Viva el trabajo digno (que escasea en Chile para las mayorías obreras)! ¡Viva el 1º de mayo! ¡Vivan los trabajadores y trabajadoras de nuestro pueblo! ¡Justicia salarial, ahora! ¡Honores al presidente Allende, mártir insobornable que ofrendó su vida por las/los trabajadoras/es!

Movimiento autónomo de filosofía UC del Norte


[1] Texto preparado por estudiantes de filosofía para fines netamente pedagógicos, por tanto útil para escolares y secundarios/as, a propósito del 1º de mayo.

[2] Alejandro Concha Cruz, Julio Maltés Cortés, Historia de Chile, El universo indígena, cazadores plehistocénicos 18.000 a.C. a 9.000 a.C., Bibliográfica Internacional, España, 9ª edición, 1997, p. 9: “El origen del poblamiento de nuestro territorio está estrechamente vinculado con el poblamiento general del continente. La arqueología ha demostrado que más allá de los 40.000 años, América no registra presencia humana, ni resto alguno que pueda identificarse con algún tipo de homínidos, que en el caso de Asia o África registran una trayectoria de por lo menos unos tres millones de años. De ahí la opinión generalizada de científicos de buscar el origen del poblamiento americano en algún sitio de otro continente”.

[3] Algunos científicos postulan que la aparición del homo-chilensis (o sea del hombre) podría datar de fines de la era terciaria. Consúltese Oscar Secco Ellauri, Historia Universal, Bibliográfica Internacional, Sao Paulo, 1995, p. 9-27.

[4] Técnicamente, el trabajo “es el tiempo y las capacidades intelectuales y físicas que las personas dedican a las actividades productivas”. Constituye “el factor productivo esencial en cualquier sociedad…”. En Economía, es frecuente referir al trabajo como “capital humano”, el que incluye “la educación y formación profesional” y “los gastos en educación”, entendidos como “una inversión en capital”, lo cual “incrementan el rendimiento del trabajo”. Véase Cristián Larroulet, Francisco Mochón, Economía, McCraw-Hill/Interamericana de España, Madrid, 1995, p. 39-40.

[5] La inteligencia no se reduce a la actividad mental, incluye un conjunto de inteligencias humanas. Consúltese Howard Gardner, Inteligencias Múltiples. Inteligencia kinestésica es la capacidad para el movimiento, la motricidad corporal, cuyo desarrollo viene determinado por las condiciones de vida material, por factores ambientales y por todo lo que crea el hombre: la cultura.

[6] Cristián Larroulet, Francisco Mochón, Economía, McCraw-Hill/Interamericana de España, Madrid, 1995, p. 37.

[7] Actividades primarias

[8] El Chile primitivo está marcado por la heterogeneidad de sus habitantes. La geografía determinó en gran parte las diferentes formas de organización socio-económica. No obstante el perfeccionamiento de la técnica, los instrumentos y el trabajo, no se advierte una cierta progresión lineal de desarrollo: cazadores, pescadores, recolectores marinos, cazadores y pescadores terrestres, ganaderos, agroalfareros. Dependiendo de sus grados de desarrollo y progreso, se pasa del nomadismo al sedentarismo, aunque en general se permanece en el estado originario. Consúltese Alejandro Concha Cruz, Julio Maltés Cortés, Historia de Chile, El universo indígena, Bibliográfica Internacional, España, 9ª edición, 1997, p. 9-50.

[9] Piénsese en la mayor accesibilidad a satisfactores gracias al perfeccionamiento constante de sus instrumentos técnicos y de trabajo.

[10] El Bien Común es el conjunto de condiciones sociales que permiten y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de todos y cada uno de los miembros de la comunidad.
El Bien Común dinamiza el desenvolvimiento de un orden social justo que armoniza los aspectos individuales y sociales de la vida humana. Es responsabilidad de todos definirlo y construirlo.
El Bien Común, es un “bien” genuino y es auténticamente “común”. Que sea “bien” quiere decir que da satisfacción a las necesidades del ser humano en su entera naturaleza espiritual, moral y corporal, proporcionándole la paz, la cultura y todo lo necesario para el desenvolvimiento pleno de su existencia; es “común” porque es un bien de la sociedad entera.
El Bien Común es de todos y para todos. No promueve la ventaja de un grupo o clase alguna, sino el beneficio de todos, cualquiera que sea el carácter o la función que las comunidades realicen en la sociedad.
No puede excluirse a nadie de los beneficios del bien común argumentando pertenencia a Nación, religión, sexo, raza, convicción política o posición social. Nadie, ni los aún no nacidos ni las siguientes generaciones deberán ser excluidos de tales bienes. Esta generación debe cuidar responsablemente los bienes y recursos necesarios para las generaciones. por venir.
Tiene preeminencia, porque ocupa una posición superior a los intereses particulares de los individuos, como miembros o parte de la comunidad, y una posición inferior respecto al supremo fin de cada persona. Así, el Bien Común es preeminente a los intereses particulares o de grupo, pero inseparable del bien de las personas. No se deben sacrificar los fines trascendentes del ser humano en función de los intereses de la colectividad: si el bien común atentara contra el fin trascendente de una sola persona, dejaría de ser bien y dejaría de ser común.
La construcción del Bien Común es participable, en cuanto todos los miembros de la comunidad pueden y deben cooperar a integrar el conjunto ordenado de las condiciones sociales, gracias a las cuales las personas pueden cumplir su destino material y espiritual
.

Bien Común: “Interés general por mantener la subsistencia y asegurar el desarrollo de la Nación, a través de la satisfacción de las necesidades colectivas e individuales de sus miembros”. Historia y Ciencias Sociales, Texto para el estudiante, 1º Medio, Educación Nuestra Riqueza, Gobierno de Chile, Editorial mn marenostrum, 2006, p. 163.

[11] Introducción a la Filosofía, César Tejedor Campomanes, Ediciones SM, Madrid, 1992, p. 179-182: En general, todo grupo humano que posea “una cultura común constituye una sociedad”. Véase allí las diferencias entre sociedades primitivas y sociedades modernas.

[12] Referimos a bienes de consumo, es decir a “todas aquellas mercancías producidas por la sociedad en el territorio del país o importadas para satisfacer directamente una necesidad como: alimentos, bebidas, habitación, servicios personales, mobiliario, vestido, ornato, etc.”.

[13] Nos referimos a formas de organización chilenas prehispánicas nortinas, influidas por la conquista inca, cuya cultura presentaba grados de desarrollo técnico más evolucionados que nuestra población indígena vernácula. Consúltese Alejandro Concha Cruz, Julio Maltés Cortés, Historia de Chile, Conquista inca, Bibliográfica Internacional, España, 9ª edición, 1997, p. 35-39.

[14] Son la unidad de los medios de producción (recursos humanos + instrumentos de trabajo). En Larroulet y Mochón se habla, con mayor rigor, de factores productivos (trabajo, tierra, máquinas, herramientas, edificios, materias primas), los cuales “se utilizan para producir bienes y servicios” y “se clasifican en tres grandes categorías: recursos naturales, trabajo y capital”. Distíngase aquí también, necesariamente, entre sociedad primitiva y sociedad moderna. Consúltese Cristián Larroulet, Francisco Mochón, Economía, McCraw-Hill/Interamericana de España, Madrid, 1995, p. 39.

[15] D. Mitropolski, Y. Kuznetsov y otros, Desde la Comunidad Primitiva a la Sociedad Capitalista, Historia y Economía, Manual Breve, Editorial Austral, 1970, p. 11-36. Las relaciones de producción, desde la perspectiva marxiana, son las relaciones y las estratificaciones que se estructuran dependiendo del papel que cada cual cumpla en el proceso productivo. Dependiendo de quien detente la propiedad de los medios de producción (propiedad colectiva o privada), las relaciones de producción definirán los modos de distribución en sentido amplio.

Vaya para ustedes un fuerte abrazo en el día de  las/los  trabajadores/as.  Movimiento autónomo de filosofía UC del Norte

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